… Es algo que se hace. El mundo lo hace. No es nada raro. La gente lo hace. La mala gente, la gente normal e incluso la buena gente. Es incluso habitual. Conozco casos realmente por todas partes, en todos los momentos de mi vida, incluso conozco casos que desearía no conocer. Creo que he sido víctima alguna vez, aunque realmente no tengo confirmación definitiva.
Yo no lo hago. Nunca lo hice. No me gusta que se haga. Nunca me gustará. Nunca lo disculparé. Aunque, como es algo tan “extendido” y tan natural, y tan de todo lo que dije antes, pues tengo que vivir con el hecho de que se hace, de que está ahí, y no puedo ni debo darle la trascendencia que me pide el cuerpo. Porque hasta la gente más maravilllosa lo hace, así que lo acepto. No voy a ser yo el más listo de la clase.
Pero no lo entiendo. Y tampoco entiendo cómo es que, siendo algo que está ahí y ocurre tanto, yo mantengo una postura sobre el tema tan tajante y negativa. Lo único que me consuela en éste caso es que no soy el único que piensa así. Sé que hay bastante gente que lo vé como yo. Y eso es en el fondo un alivio. Porque yo soy raro, pero leches…. no tanto. ¿no?
De nuevo vuelvo atrás en el tiempo. Ya llovió, pero no tanto como para olvidarlo: Me encontré con ello de repente, por sorpresa. La cara que ví, (y que aún veo si cierro los ojos: se grabó en mi memoria…) era una rara mezcla de tranquilidad, de alegría, pero también de nervios, y de “tenemos un secreto, ¿verdad?”. Esa cara que pone la gente cuando al mismo tiempo, hace algo que quiere hacer y no quiere que se sepa. Esa cara de corderito degollado picarón. Esa cara de “mierda, que me ven…. um, no pasa nada… creo…”
Era tarde, muy tarde. Quizá las 5 de la mañana. Noche de marcha. Yo aún estaba bueno. Se había dado bien la noche, y se disponía a dar mejor. Llego a casa, no llego sólo, entro en la habitación, y ya al entrar me encuentro con lo que nunca imaginaría encontrarme. Pero al a vez, en cuanto lo veo de refilón antes de asomar la cabeza, el cuadro se pinta nítido en mi mente. Tanto que pasa por mi cabeza la opción de hacer que no lo ví, pasar sin ver, y no entrar. Sin embargo, no soy tan rápido y no puedo evitarlo. Me asomo y lo veo. Me sorprende, pero no tanto. Una persona muy cercana y muy querida, que tiene una relación seria, está en situación “delicada”, con alguien que no sé quien es (eso atenúa la gravedad). Al asomar la cabeza, me mira con “esa cara” (y la otra persona me pone otra cara típica, la de macho alfa masticando el triunfo, que no quiere que se le note)….. yo me paro un segundo… vaya tela. Musito algo así como “vaya, ocupado…”, no dejo que dure más el momento, y me busco otra habitación.
El resto de la noche transcurrió como si hubiera entrado en mi habitación, hubiera estado libre y no me hubiera enterado de lo que me enteré. Esas cosas que la gente de vez en cuando carga en tu memoria sin que tú lo hayas pedido. Esas cosas que, maldita la gracia que te hace saberlas. A partir de ahí todo ocurrió entre nosotros como si no hubiera entrado. Nunca hablamos del tema, nunca tuve la tentación de cantar, nunca temió que lo hiciera. La relación seria se hizo más seria, luego más seria, y ahora es aún más seria.
Volvemos al título y al fondo del asunto: ¿por qué la gente pone los cuernos? Pues no lo sé. Pero lo sé un poco más que antes. No hace mucho, un intercambio de comentarios en el Blog De Martiña me arrojó un poco de luz sobre el tema.
De hecho mucha luz. Creo que ya sé por qué ocurre eso con tanta normalidad. Todo encaja, carajo. Veamos el intercambio:
Rammita: La maravillosa razón “te quiero pero no estoy enamorada” ataca de nuevo
Martiña: Recuerdo conversaciones por msn en las que me contabas tu historia, o parte, y no me creía de todo que dejar fuera más dificil que se dejado. Sobre todo cuando no hay motivos, cuando dos personas se quieren, cuando todo fluye. Y duele mucho, y cuesta. El camino más fácil es seguir, por muchas cosas. Pero hay que ser valiente y hacer lo correcto, y a la larga es mejor, porque sino vas acumulando resentimiento contra alguien que, a su pesar, no es lo que quieres…No sé explicarlo.
Rammita: Es que no se puede explicar. Bueno, en realidad si, si sabes que a quien se lo explicas lo ha vivido (o similar) y puede entenderlo. Porque es algo que no se describe, se siente, se vive. Una puntualización: no hacen falta razones como las que cuentas del resentimiento y eso. Es pura patata: no sientes lo que sientes que hay que sentir. Mucha gente en esa situación piensa que el amor está sobrevalorado, y siguen con una amor descafeinado, falso, incompleto. Porque es cómodo, alimenticio.
Ahá… aquí llegamos al quid de la cuestión: El amor alimenticio. Es algo que existe muchisimo más que el amor verdadero, y es la verdadera razón de los caminos negativos del amor. El amor alimenticio es la causa de que el amor tenga “mala fama”. Y no es una cuestión puramente genital. El amor alimenticio va mucho más allá. Se nutre de la percepción negativa de la ausencia de pareja. Además está lo puramente genital, por supuesto, pero no es la razón única. Es socialmente conveniente tener pareja. Todo en la vida es mejor entre dos. Empezando por pagar la hipoteca. Los buenos momentos, y los malos, se pasan mejor si no estás sólo. Extenderme en ésto merece otro post. Por ahora quedémonos con la idea general. Es un hecho que la gente busca estar en pareja. Una vez lo hacemos, y una vez pasa la explosión inicial de amor, el amor toma varios caminos, uno de los cuales es convertirse en un amor alimenticio. Cuando ocurre en la mente la frase “te quiero pero no estoy enamorado”, se puede romper o no. Si no rompes, tu relación pasa a ser un amor cómodo, práctico, alimenticio.
Vivir en un amor alimenticio, poco a poco va minando en nuestro interior la idea natural de que el amor es maravilloso. Porque en general un amor alimenticio no es tan maravilloso, obviamente. El amor verdadero pasa entonces a ser una quimera, algo mítico, irrealizable. Y con ello ocurren varias cosas que se resumen en dos variantes. La primera y más importante es que, como la relación no es tan maravillosa, se puede buscar fuera (o encontrar: aparece) cierta emoción perdida. Pero eso si, sin romper, que una cosa no quita la otra. Las relaciones alimenticias no son maravillosas, quizá, pero tienen muchisimas ventajas que no hay por qué perderse sólo por buscar una emoción fuera. Esta última frase es típica de quien vive un amor alimenticio. Molar no mola mucho, pero que dure, que dure.
La otra variante es que aparezca una persona que nos haga sentir cosas, que nos llene, que nos ponga, en suma. (recordemos que estamos viviendo un amor alimenticio) Si aparece alguien que nos agita las maripositas (lo cual es fácil, por la levedad intrinseca del amor alimenticio) a ver quien es el guapo que se resiste.
Todo nos conduce a los cuernos. Qué simple es todo, carajo.
En resumen, cuando se está enamorado no se ponen los cuernos. Si se hace es claramente una metedura de pata grave. Cuando no se está enamorado, los cuernos acechan. Están ahí.
PD: el corolario a todo ésto es que no hay tanto amor verdadero en el mundo. Si lo encuentras, si lo tienes, si lo sientes, valóralo y disfrútalo.
Voy a hacer de abogada del diablo: Y no será que una cosa es amor verdadero y lo otro simplemente sexo? Claro que si fuera sólo sexo no despertaría maripositas…
Un besito!!
es un termino medio: ni amor verdadero, ni simplemente sexo. Algo intermedio, más que sexo, pero con sexo, menos que amor, pero con amor.
Alimenticio, vamos.
Juer, lo que me ha costado que los emoticonos no ensanchen la altura de las lineas de texto. Pero lo he conseguido. Lucen perfectos!!! incluso dentro de los párrafos.
Buf…cómo entiendo el concepto de amor alimenticio…desgraciadamente! El querer mucho, mucho, el estar muy bien, pero el sentir que te falta algo…y es muy fácil buscarlo fuera. En mi caso, en el momento en que vi esa oportunidad como algo real, fue cuando tomé la decisión de que no era justo para ninguno. Pero sobre todo, y aunque a corto plazo no lo parezca, no era justo para mí…soy muy exigente, quizás? o muy tonta por querer mariposas y fuego, aunque me queme antes que algo mucho más cómodo y tranquilo, que un amor incondicional? No me arrepiento, sin duda. Y doy la razón a quienes dicen que el amor, en la mayoría de los casos es una convención…una manera estandar de vivir. Ahora soy el número impar de los grupos, todos constituidos de dos en dos (los animales de dos en dos, uop, uop). Pero cuantas de esas parejas son simplemente alimenticias?
No, eso no es amor…yo quiero algo más…
Ahí, Ahí le has dao, Marta.
Es que hasta que no lo vives, no se puede uno imaginar que eso es así. Y mucha gente no lo vive. O bien porque nunca han tenido un amor verdadero y siempre han vivido amores tenues que luego se convierten en alimenticios (o desaparecen sin más), o bien porque has tenido la suerte de encontrar enseguida un amor verdadero, y entonces te enamoras y todo sale bien.
Una cosilla: no estoy de acuerdo en que no es amor. Sí que es amor. Lo es. A demasiada gente le vale como para decir que no es amor. Es amor. El amor es un concepto demasiado complejo y muy variable para la gente. Cada uno vé el amor como lo ha vivido. Pero para mucha gente un amor alimenticio ES amor.
PD: habeis visto a Laura? ais…. es taaaaaan guapa…. :’-)
Pues… no se porque se es infiel a la persona que quieres… lo que si se… que se hace… yo aun no tuve valor de hacerlo… espero no tenerlo nunca…
Un beso!
Para mí no lo es…Al final me quedaré solita criando gatos y hacindo punto por buscar EL AMOR, así con mayúsculas…:D
al final, dice….. no te queda nada para el final, yogurina… :-p
Fany, no es valor: es miseria moral. No se hace. Nunca y bajo ningún concepto. Poner los cuernos es inaceptable.
Si te apetece hacerlo, debes romper. No es cuestión de valor, ni mucho menos. Más bien es al contrario. Cobardía. Poner los cuernos es de cobardes.
Fanyyyyyyyyyy, cómo mola tu último post. Eres guay.
vale, tienes razon cuando dices que es de cobardes poner los cuernos pero yo creo que esto…
si lo que tienes es un amor alimenticio lo que estaria bien es que el otro digamos.. estuviera de acuerdo, asi si pasa algo asi se puede hablar con calma y no como la gente suele reaccionar, no me explico, quiero decir que a veces más que esto que muy bien me has explicado en este post, a veces el problema es que no nos comunicamos como debemos, ni con palabras, ni con el cuerpo, ni con lo que hacemos, porque somos todos bastante cobardes en general.
Y voy a quedar muy mal, pero si le metiera los cuernos a mi novio y es incapaz de comportarse como una persona racional no me arrepentiré tanto, vistas las reacciones que he visto
un beso Ramma!
Hola, Olga.
Cada caso es distinto, pero ocurre muy a menudo que en una pareja uno está enamorado y el otro sólo vive un amor alimenticio, lo cual el otro lo sabe y lo acepta, con la esperanza de llegar a enamorarle.
Casos a puñados, pero los cuernos son todos iguales: inaceptables. Una reacción racional a unos cuernos puede ser dejar la relación inmediatamente, aunque también ocurren relaciones liberales, en las cuales aunque no se diga, los cuernos son aceptados.
Aquí entramos a definir exactamente qué son unos cuernos. No son el hecho físico de tener arrimamiento de cebolleta y de ahí para arriba con alguien, sino el hecho de hacerlo a espaldas del otro, engañandole y procurando que no se entere. De hecho no es tan imprescindible que haya arrimamiento físico. el hecho definitivo es el engaño, la ocultación.
Todo esto dá para muchos posts, pero al final una reacción racional a unos cuernos no es dar una palmadita en la espalda y “hasta la próxima vez que te pique, campeón”
No, no.
No quedas mal, Olga: hay que ver esas reacciones que comentas. Tampoco es plan montar una escenita pública, pero vamos, que toda reacción diferente a “romper inmediatamente” a mí me suena rara. Igual soy yo el que quedo fatal…