Cosas que nunca te dije.

Es verdad, lo confieso: yo en confianza de la buena “hablo mucho”. Al contrario de mi tendencia cuando la confianza no es plena, que tiendo a “hablar poco”, o más bien a hablar “de poco”, o “de lo leve”.

Cuando la confianza es esa que nos tuvimos, esa que nos tenemos, la cosa cambia. Como sabes, hablo por los codos. Hablo de mí, de tí, de nosotros, del mundo, del entorno, con crudeza. De verdad. Con brillo en los ojos. Con intensidad. Llorando y todo.

Y es que para eso se gana con tanto esfuerzo la confianza. Para luego aprovecharlo cuando llega. A mis 15 llegó, hasta mis 16. A tus 19 llegó. No llegó a llegar a tus 20.

A mis 21 llegó de nuevo. y con ello llegó la mayor catástrofe de mi vida: no me siento orgulloso, sino exactamente y literalmente lo contrario. Fuí un mierda, lo sabes y aunque eras dura, lo sufriste con orgullo herido. Pedir perdón ahora es inútil, aunque nunca sobra, porque en realidad nunca lo hice. A mis 22, con todo lo tuyo y de un portazo, de nuevo se fué.

Aún me duele lo que hice. Muchos años fué la razón de que, metido en una dinámica de parroquia, declinase siempre comulgar. En un acto que de aquella me parecía “necesario”, y que no fué en realidad más que un “símbolo raro” de una cagada que aún retumba en mi, que aún hoy guía mi caminar.

Alrededor de mis 19 de nuevo llegó, y curiosamente aunque de forma no demasiado intensa, aún no se fué. Supongo que aquella frase escrita en aquella carta, dicha antes de tiempo y que evitó para siemprejamás la tensión sexual, fuera lo que hizo que lo nuestro dure y dure. Y dure y dure. Y dure y dure. “Amigos para siempre”.

Llegó a mis 23. A mis 25. A mis 28, cruzando el charco incluso. Y por supuesto llegó a mis 30. Carajo. Y desde entonces nunca llegó igual, aunque llegó, claro. Todo es relativo, por suerte.

Cada una de las veces desató la cotorra de emociones que llevo dentro, y me dejé una y otra vez escrutar por dentro. Pero cada una de las veces, me guardé algo. Dicen que siempre hay que guardarse algo… eso del “espacio para uno mismo”, en lo que yo no creo. Yo no lo hacía por preservar mi espacio, sino por otras cosas. Yo cuando amo, no quiero espacio.

Pero ha sido una constante en mi vida: Las cosas que nunca te dije, y que de habértelas dicho hubiera vivido sin duda otra vida. Quien sabe si mejor…

Por aqui he desglosado una y otra vez mi cobardía vital, mi poca implicación en lo que importa, mi forma de ser, impermeable y floja. Y he dedicado miles de palabras escritas a intentar parecer menos miserable. Pero no lo he conseguido.

Los años y los “reveses” han hecho que tenga el corazón a prueba de bomba, que sea de emociones desbordadas aunque controladas, que por ejemplo ahora tenga claro que, aunque lo parezca, no estoy enamorado. Y también que quiero volver a sentir “de verdad” lo que es querer “de verdad” a alguien que te quiera “de verdad”.

No llega, y espero tirando de emociones menores, de amores alimenticios, e incluso de amores buenos, que debían ser de verdad pero que en mi fuero interno, en mi subconsciente no dejo que lo sean. Al menos no engaño a nadie. Creo que al menos soy transparente en eso, y quien podría sufrir mis movidas sabe a qué atenerse. Flaco consuelo.

Me voy por las ramas, y es que en el fondo todo eso que no dije tiene que ver con esa flojedad que me maneja. ¿Por qué no te lo diría? Debí haberlo hecho.

  1. Debí decirte, a mis 12, que me gustabas. Debí hacerlo. Mi primera novia no fuiste tú y debiste serlo. No me gusta quien se quedó en mi vida con ése honor. Debiste ser tú.
  2. Debí decirle a ése tonto, a mis 13, que era realmente tonto. Por suerte no te fuiste con él, pero me quedé con ganas de decirte, ésta vez a tí y aunque fuera a posteriori cuando estuvimos juntos, que años atrás, a mis 13, ese piazo tonnnnto me paró en la bici para decirme muy serio que no me acercara a tí. Y yo achanté. Pero no le hice caso. Algo es algo…
  3. Debí decirte, a mis 19, que no me gustaba el rollito que se traía ése contigo. Y a él, decirle que ya había algo entre nosotros, aunque ni yo mismo me lo pudiera creer. En aquél momento descubrí lo que es tener celos. Joer, es que eras un pibón estratosférico, leches. El momento “manos en tu bolsillo” a la luz de la Luna, y el momento “pelito” en Beleño, fueron increíblemente especiales. Los tengo filmados desde entonces en mi cerebro. En alta definición. También debí habértelo dicho. Debimos durar más. Nunca supe cuidar lo bueno de mi vida. Carajo.
  4. Debí decirte, a mis 20 más o menos, “te quiero”. Justo cuando dijiste que mi problema es que debía “definirme”. Me querías, pero yo no lo sentía así. Cuando lo gritaste en la calle, años después, (qué momentazo, por cierto) me caí del guindo. Tuvimos un momento para lo nuestro, pero pasó. Lo dejamos pasar, que tú también tuviste tu culpilla. Ahí empecé a darme cuenta de que debía tener más ojo para esas cosas. El que tengo ahora, no. Más aún.
  5. Debí decirte que te relajaras, que no te quería como tú a mí, que debías luchar por mí. Y no debí escenificar lo contrario y dejarte llevar el control. Desde mi posición de dominado no pude hacer nada para evitar esos desastres que no evitamos. Desastres que dado tu carácter volcánico, arrasaron con todo. Nunca más me ví, como en  aquella ocasión, en medio de un ciclón que se lo llevaba todo por delante. Tu velocidad me daba vértigo, pero no tanto. Debí ser más crudo en mis palabras, más. No se puede estar todo el día lanzando órdagos a la grande con pito siete. Me tenías acojonado, pero debí controlarlo mejor.
  6. A tí también, debí decirte “algo” cuando lo nuestro se cayó por su peso. No hay explicaciones que dar, pero lo nuestro se rompió por tu culpa, y debí hablar en su momento, y no explotar como lo hice después, diciéndote todo eso (para zanjar, para sacarte de mi vida) de lo que tanto me arrepiento. Nunca más en mi vida volvió a pasar algo, ni siquiera parecido. Sacabas lo peor, y también lo mejor de mí. No te olvido.
  7. A mis 19, debí decirte que “de eso nada”. Que no pintaba nada lo de amigos para siempre. Que no tenía sentido, que no era el momento, que era demasiado pronto para eso. Que lo que veías venir no era real. Que en mi corazón no estabas tú. Fué real después. Muuucho después. Cuando quizá no lo hubieras dicho. Es curioso: nunca en mi vida me dijeron eso, (vamos, lo de “como amigos”) a no ser tras una ruptura. Y es que cuando me lo dijiste no pintaba nada. Demasiadas precauciones: No te quería. Es una lástima, pero lo nuestro “parece” imposible.
  8. Debí decirte que lo que sentía por tí era real. Que tus celos no tenían sentido, que no era un juego, ni un amor de verano. Te lo dije, pero poco. Nunca me creíste, y eso hizo que al final me perdieras. Antes de tiempo. Merecimos más.
  9. Debí decirte que nunca íbamos a llegar a nada. Te rompí el corazón y lo siento mucho. Igual que en otros casos digo “merecimos más”, en tu caso merecimos menos. Demasiadas barreras, y no suficiente amor. No siempre pasa, pero ese (falta de amor) debería ser el motivo de las rupturas. Sólo ese.
  10. Debí decirte que no te fueras, que no te fueras, que no te fueras, que no te fueras. Debí quemar mis naves. Debí luchar por lo nuestro. Fuí un perdedor, y quizá te perdí por eso. Y antes de eso debí decirte taaaaantas cosas…. Nunca me ví a tu altura. Lo siento.

He dejado demasiadas cosas sin decir. Demasiadas. Además de todo lo dicho, dije “te quiero” menos veces de lo adecuado, de lo real.

Sentí en mi vida mucho más amor del que dijeron mis labios.

Todas éstas cosas que se quedaron sin decir, me han puesto donde estoy. Somos lo que decidimos. Lo que hacemos, lo que decimos.

Y lo que no decimos.

P.D: Este post forma parte (es la segunda parte) de una trilogía sobre mí, que comenzó el 15 de Marzo de 2007, en el post “Maneras de Vivir“, y terminará en un día futuro, en el post “He sido muy, muy malo…”

8 pensamientos en “Cosas que nunca te dije.

  1. “Pero ese (falta de amor) debería ser el motivo de las rupturas. Sólo ese.”

    Cuánta razón tienes, aunque, desgraciadamente, a veces tampoco basta con amarse con locura… Qué complicados somos!!
    Besitos, guapo.

  2. Q post ¡¡¡ Me gusta muuucho este post sobre ti, de verdad. Hay un monton de frases con las que me quedaría, pero empezaría por esta:

    “Sentí en mi vida mucho más amor del que dijeron mis labios”

  3. Hola, Lore. :-) Venga, va, día alguna más, que las hay…. De hecho la que dices es poco personal, es muy común que pase eso. Hay otras más “Ramma” :-)

  4. Bueno cada caso es un mundo, pero en general son cosas que simplemente tenía que haber dicho. En realidad son cosas que debía haber hecho.

    Hay cosas que, simplemente, hay que hacer. Sin más. Si no las haces no puedes echar las culpas a otro. Cuando hay que hacer algo, no valen excusas. Hay que hacerlo.

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s