Cruzar el río…
Mi vida se agita por momentos.
Yo iba por la campiña, tan feliz, triscando. A un lado, medio mundo. Al otro lado, un río, y el otro medio mundo. Como siempre, yo miraba al frente, y no veía ni río, ni ladera, ni campiña, ni nada. De repente, aparece ella.
Me convence poco a poco (de rápido nada. Despacito. ocho meses, carajo) de que a los lados está el mundo. De que debo dejar de mirar hacia delante, y mirar con ella hacia el lado del río.
No tardo en convencerme. Días. Miro hacia el río, y me veo con ella al otro lado. Empiezo a ser feliz de verdad, porque ella es maravillosa, y la quiero.
Ella me mira, y mueve mi mundo. Ella se pierde en mis ojos y mueve mi mundo. Ella me dice que me quiere y mueve mi mundo. Así que me giro 90 grados, muevo con ella mi mundo, creamos nuestro mundo y nos metemos en el río.
Una vez dentro, yo tiendo a nadar para cruzar el río, y a veces pienso que ella prefiere nadar a favor de corriente, dejarse llevar por la corriente, a mi lado, pero sin cruzar. En la orilla el agua es tranquila, calentita, como una piscina. Se está bien ahí. Yo me dejo llevar. Pero nuestro mundo está al otro lado, yo no quiero ser azúcar (meterme en el río sin cruzar) y ambos queremos cruzar. Pero carajo, al moverse hacia el medio el río está frío. El río es ancho, profundo y tiene corriente. El río, que estaba calmado y lento, pasa a vivir una tormenta con nosotros dentro. Se convierte en aguas rápidas.
Pero nuestro mundo está al otro lado y no en ésta orilla, así que hay que nadar. Nadamos para cruzarlo. Yo nado deprisa. Ella nada más despacio. Pero va nadando. Me mira, le brillan los ojos y me dice que nada puede con lo nuestro, que sólo si me canso de nadar lo nuestro podrá terminar. Yo no me canso de nadar. Sonrío.
Cuando caminaba por la orilla tenía movimientos rápidos, y cuando alguien me tiraba un tomate yo lo esquivaba sin problemas. Pero en el río, el agua fría me hace torpe. Los tomates que me lanzan desde ambas orillas, me dan en la cara. Me despeinan. Es difícil esquivar un tomate cuando tienes que nadar, con el agua al cuello, helada y tormentosa. Aún así, nado bien, y no me importa. Los tomates sólo manchan, y despeinan. Me sobrepongo y sigo nadando con ella. Miro al frente y sigo viéndome feliz, con ella, al otro lado. Cada día lo veo. Cada minuto. Cada segundo. Sigo nadando. Sigo feliz. Ella, entretanto, sigue diciéndome que me quiere, y sigue nadando.
El río es ancho. Hay que nadar y no podemos nadar juntos. Sólo sobresalen nuestras cabezas del agua. Casi no nos vemos. Además, nadamos cada uno a nuestra manera. Nos metimos en el río sin tener un plan, sino dos. El mío es fácil: Con ella en brazos, uso mis superpoderes y nado directo a la orilla, en un sprint. Ella sin embargo planeó nadar haciendo eses, y quedó conmigo en la orilla. Algunas veces nos encontramos en el río y dejamos de nadar para dejarnos llevar, descansar y perdernos en nuestros ojos. Luego seguimos nadando con fuerza renovada. Así pues, yo con mis superpoderes y sin ella en brazos, cruzo el río y espero en la orilla. Ella sigue haciendo eses. Yo espero en la orilla. Ella sigue nadando.
Sólo hay que cruzar el río. Pero de repente ella se cansa, da la vuelta y regresa a la orilla. Yo lo veo todo desde la otra orilla, la nuestra, y empiezo a llorar. Y así hasta hoy.
Sólo hay que cruzar el río. No sé por qué no lo cruzó. No sé por qué no dejó que lo cruzáramos juntos. No sé por qué quiere estar conmigo en nuestra orilla y sin embargo se volvió a la otra. No sé. El río no es tan ancho. La tormenta no es tan brava. Las aguas no son tan rápidas. El agua no está tan fría. Los tomates sólo despeinan. Nuestro mundo está en mi lado, pero no sé que hago sólo en nuestro lado. No Sé. Cuando se me pase la congoja supongo que nadaré de nuevo a mi orilla, y seguiré andando paralelo al río procurando no mirar mucho, para no llorar.
No sabía que yo fuera tan fuerte. Era capaz de llevarla en volandas. Era capaz de tender un puente de acero entra ambas orillas. Era capaz de todo. Era capaz de cruzar incluso volando. Y lo soy aún. Pero no puedo usar mi fuerza para arrastrar a ella hacia mí. Para luchar contra ella. Para eso no es, mi superfuerza. No es que no pueda. Es que no debo. Es sólo un río que cruzar, pero es necesario que ambos queramos cruzarlo juntos. Yo sí quiero. Ella sí quería. Ahora no sé.
No sé.
Tengo grabado el vídeo de cuando ella, en medio del río, se da la vuelta y nada al otro lado. Cada vez que lo veo (en mi mente… es una parábola) no me lo puedo creer. Parece de vídeos de primera. Nuestra bonita historia no se merece esa escena final. Es cutre, impresentable. No tengo consuelo. No entiendo nada.
No sé.

Dicen que no se debe dar marcha atrás ni para coger carrerilla pero a veces es necesario dar un paso atrás para reestructurar la estrategia y recuperar fuerzas…la corriente a veces es muy fuerte. Ten paciencia y confía….y sobre todo, mucha suerte
Biquiños
Arzella
23 Febrero 2009 a 2:58 pm
No pinta bien, Marta.
Pero me resisto a volver a estar en el mercado. Me resisto a que acabe así. Me resisto a tirar la toalla.
Aún me resisto. Porque la quiero. Y porque ella me ha dicho muchas cosas (no tantas, en realidad) pero no me ha dicho que no me quiere.
Aún así, tiene muy mala pinta. :’-(
ramma
23 Febrero 2009 a 4:38 pm
No lo sé, Ramón….está claro que eso sólo lo sabeis vosotros y a veces las sensaciones pesan más que las palabras…La cruda realidad es que el amor y el quererse, aunque debería, por sí solo no suele ser suficiente. A ver si nos encontramos por el msn y si necesitas cualquier cosa, tienes mi número. Un beso enorme!
Arzella
23 Febrero 2009 a 9:47 pm
Gracias, Marta.
ramma
24 Febrero 2009 a 2:19 am
Es muy difícil nadar a la par. Quizá ella quería nadar sola, a tu lado, no que la llevases en volandas…
Mucha suerte, guapo!! Eres fuerte!!
Besitos mil!
bebita
23 Febrero 2009 a 10:56 pm
Hola, Bebi.
Sí, era lo que quería. Pero no está bien. Eramos dos, y aunque yo pudiera llevarla en volandas, nunca lo hice porque ella no me dejaba. Tampoco insistí mucho. La dejaba nadar haciendo eses. Fuí muy comprensivo. Quizá pequé de ir muy cerca, haciendo eses a su lado.
Soy fuerte, pero frágil ahora. No se me quita la congoja, la rabia de haber perdido un amor tan grande, sin saber cómo ni por qué. La quiero, y miro y no está. Y no sé qué ha pasado, porque el día antes de dejarme, me dijo que me quería.
No quito la pena, no paro de llorar. Tan fuerte no debo ser, Bebi.
ramma
24 Febrero 2009 a 2:24 am
Ramma.
Este es el post mas precioso que he leído en mucho tiempo; me quito el sombrero y me seco las lágrimas, porque amigo, ahora mismo no has llorado solo.
Míriam
24 Febrero 2009 a 11:26 pm
Miriam… qué alegría verte por aquí.
Que tú, que eres una escritora de posts realmente increíble, me diga que éste post mío es bonito, pues me deja sin palabras que decir. Muchas gracias, Miriam. Por ésto y por todo. Y que te haya hecho llorar, pues bueno, es la repanocha.
Creo que debería ser más personal en mi blog: cuando lo hago subo el nivel. Ya me lo dijo la gran Su una vez, otra galáctica del post. Pero es que soy de natural discreto, y no me gusta hablar de mis cosas. Esto lo puede leer mucha gente de mi entorno, incluidos mis padres, ella, mis compañeros de trabajo… y debería sin duda ser más aburrido, menos emotivo y más discreto.
Pero sabes que vivo un momento muy duro, me siento sólo y triste, y necesito sacarlo fuera. Por eso te gusta. Porque es crudo, necesario, vivo, real. No es un post, es un grito de auxilio. Gracias por escucharme. Siento haberte hecho llorar, Miriam.
ramma
25 Febrero 2009 a 6:05 pm
En mi mundo real hay gente que me considera un superhéroe, de natural imperturbable y eternamente feliz, ajeno a las debilidades y a la tristeza. Con una visión positiva sobre todo lo malo, con aguante y fuerza para pararlo todo y afrontarlo todo. Esos ahora alucinan por verme llorar, por verme apagado, por verme frágil, por verme triste, por verme arrastrar los zapatos. Esto se lo digo a ellos:
Ese que veis ahora soy yo también, y siempre estuve ahí. Lo que pasa es que hace mucho tiempo que no sufro una decepción tan intensa, un golpe tan fuerte, un vacío tan grande, un amor tan potente. Estoy loco por ella y me ha dejado. La quiero y me ha dejado. Eso es lo que pasa. No hay otra cosa. Es pena de amor. Ni más ni menos.
Sé que ahora no molo. Y sé que mañana no se pasará. Y aviso que tardará en pasar. Pero suplico que no me soltéis la mano. A cambio intentaré llorarlo todo en privado, y no ser una carga.
PD: Efectivamente, el fondo de la foto no es naranja. Es “sunrise” (amanecer). Madera noble pintada de sunrise. Y sobre ella, un compromiso. Firme.
ramma
25 Febrero 2009 a 9:48 pm
Eres fuerte y valiente desde el momento en que eres capaz de reconocer lo que te pasa, de llorar por ello, de desahogarte. No ves que eso es una forma de plantarle cara?
Muchísimos besos y muchísimo ánimo!!
bebita
25 Febrero 2009 a 11:50 pm
una amiga me dijo una vez: no hay consuelo, pero pasará.
Es cierto, no hay consuelo, así que, sea cual sea el desenlace, espero que esto se pase pronto…
evemary
26 Febrero 2009 a 4:37 pm
¡Ánimo! Recuerda que “Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes”…
Lusika
27 Febrero 2009 a 11:58 am
Gracias, Lusika. Creo que es la primera vez que te leo por aquí. Bienvenida.
El sol brillará de nuevo, pero quizá tarde un tiempo. Recuerdo ahora mi anterior gran pena de amor. Tardó mucho en irse. Soy persistente, cuando lo siento fuerte.
Qué bonito es el amor.
ramma
27 Febrero 2009 a 7:43 pm
Este dolor que sientes seguirá, pero como todo,pasa. No te puedo decir que olvides porque no se trata de eso, pero si recuerda lo bueno ,no como tortura para preguntarte el ¿por què?, si no que te alimente, que tuviste a alguien que te quiso y quisiste y si no funciono o no pudo ser pues no es por ti, tal vez no era el momento, tal vez se equivocó. Sacale todo lo bueno a tu relacion y quedate con eso y de lo malo ,aprende. Si te ha dicho que te quiere pues es verdad pero no mezcles eso con una realidad o con alguna esperanza, si se da bien por ti pero si no, no lo fuerces. A veces el dolor nos aferra al mas minimo brillo, de verdad te deseo lo mejor, el amor es asi, no es solo quererse, decirlo,sonrisas y felicidad, es todo viene como se dice en paquete completo con el aprender a conocerse, con sobrellevar una discusion, con “no me gusta esto y si aquello”, bueno son varios factores.
Cuidate mucho, un abrazo fuerte.
Flor
flor
5 Marzo 2009 a 5:38 am
Bienvenida, Flor. Gracias por tus ánimos. Yo soy de natural optimista, y sé que poco a poco (incluso ahora) me quedaré con lo bueno, que era casi casi todo, y iré dejando atrás lo malo.
Para mí el amor siempre es bueno, aunque cuando se estropea es de sabor amargo y duele que jode. Pero siempre compensa. Y cuanto más duela, más merece la pena. Porque si no te deja chafado es que era otra cosa, y no amor. Y el amor es la mejor sensación del mundo.
Ahora mismo no quiero oír hablar de amor (salvo si ella vuelve, claro) y cada vez que la memoria me la trae al pensamiento, me sube la lágrima. La quiero, y no hay consuelo.
ramma
5 Marzo 2009 a 8:05 pm
La paciencia y el paso del tiempo son buenos amigos en estos casos, pero no vienen cuando uno quiere, igual que el dolor no se va cuando uno quiere. A veces estamos tan ofuscados que ni queremos que el dolor se vaya. No se irá mañana, pero un día se irá, incluso podría decirte que tal vez sin casi darte cuenta.
Puedo imaginar lo que estás pasando, pero no lo sé. Aunque también haya pasado por la situación de casi llegar a la orilla y que, de pronto, esa persona que nadaba a tu lado te abandone para poner rumbo a la orilla más lejana y te deje ahí, no lo sé. No hay dos amores iguales, ni dos rupturas iguales. Así, que sólo puedo imaginarlo.
A mí el tiempo me ha enseñado cosas que estaban ahí pero que no había visto, tres años dan mucho de sí, cuando los motivos que te dieron ni te los crees ni nunca te los creíste.
Bueno, te deseo mucha fuerza para salir adelante. Aunque a nadie le guste pasar por esto, las experiencias así nos enseñan mucho.
Mari
9 Marzo 2009 a 5:48 pm